Alzheimer.

La costumbre, ha adormecido los sentidos de los otros o ¿por qué es que nadie más se da cuenta de cuánto sufre esta alma? Consumida por un dolor del que desconoce origen, grita ahogadamente pidiendo ayuda, mientras las lágrimas sin sentido ruedan fatalmente por los remanentes de unas mejillas que alguna vez tuvieron forma.

Sentada, viendo el vacío.

Sabiendo, tal vez lo que pasa en lo profundo de su cabeza, sabiendo que está atravesando un camino al lado de la muerte quien borra pedazo por pedazo  su esencia, su ser, aquello que la hacía ella, aquello que la mantenía viva, aquello por lo que valía la pena vivir.

Un deseo egoísta de los que la rodean es lo que la mantiene viva, un deseo de no querer dejar ir lo que ya se fue…

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